Desde que era adolescente, supe que yo era una bruja real, aunque en aquel momento no tuviera palabras para nombrarlo.
Mi camino no comenzó con frases bonitas ni con rituales suaves.
No nació de una estética blanca ni de palabras edulcoradas.
Empezó con fuego, con preguntas, con fuerza.
Brujear, al principio, era algo que hacía en secreto. A escondidas.
El mundo no estaba preparado para ver a una niña de trece años leyendo las cartas, encendiendo velas, hablando con el alma de las cosas.
Pero yo lo hacía. Porque lo sentía. Porque era real.
Porque lo era yo.
Y por qué dejé atrás la magia “bonita”
Cuando llegué a internet en 2007, sabía que debía explicarme de una forma que el público entendiera.
Así que hablé de “magia blanca”.
No porque creyera en las divisiones.
Sino porque quería dejar claro que no hago magia desde la maldad ni desde el control.
Siempre he creído que cada persona debe respetar la voluntad ajena.
No por miedo.
No por castigo.
Sino porque yo no creo en dominar a nadie.
Con los años entendí que eso no era suficiente.
Que muchas personas hacían magia igual, pero la disfrazaban de “luz” para no verse a sí mismas.
He visto hechizos manipuladores presentados como endulzamientos “inocentes”.
He leído frases de vibración alta que escondían miedo, dependencia o necesidad de control.
Y en ese momento lo supe:
La magia no necesita ser disimulada.
Necesita ser real.
Pero soy una bruja real
Y eso tiene mucho más poder del que te han contado
No trabajo solo con energías bonitas.
Trabajo con lo que hay.
Con lo que duele.
Con lo que me quema.
Y con lo que me reconstruye.
No limpio para olvidar.
No perdono por obligación.
No repito frases vacías porque estén de moda.
Uso el fuego.
Uso la sombra.
Uso mi historia entera.
No porque quiera convencer a nadie.
Sino porque quiero crear desde lo que soy.
Sin disfraces. Sin disfraces de “luz”. Sin suavizantes.
Eso es ser una bruja real.
El Club para Brujear no es un espacio de frases de autoayuda.
No es un rincón para maquillarse el alma y fingir que todo está bien.
Es un lugar para quienes ya no se sienten representadas por la brujería de escaparate.
Aquí no enseñamos fórmulas vacías.
Aquí no pretendemos ser siempre perfectas.
Aquí se permite el caos, la intensidad, el llanto, la rabia y la verdad.
Aquí se hace magia. Magia real.
La que nace desde dentro.
La que no necesita filtros.
La que se construye con compromiso, con poder, con intuición y con libertad.
Si alguna vez te sentiste fuera de lugar en el mundo espiritual…
Si te miraron raro por no ser “suave”…
Si apagaste tu fuego para encajar…
Si lloraste frente a tus cartas sin entender por qué no encajabas…
Entonces este artículo es para ti.
No porque tengas que ser como yo.
Sino porque tú también mereces brujear desde tu verdad.
Y si lo sabes, si lo sientes, si lo has callado mucho tiempo…
bienvenida al fuego.
Nos vemos en el Club, si estás listo para dejar los disfraces atrás.
— Margui Centeno
Bruja real. Sin etiquetas. Sin miedo. Con magia de verdad.