Patio andaluz con paredes blancas y macetas, iluminado con velas y símbolos mágicos en el suelo, atmósfera realista de la brujería en España.

Cuando se habla de brujería en España, todos pensamos lo mismo: hogueras, inquisidores con cara de vinagre y mujeres bailando en aquelarres bajo la luna. Y sí, claro que hubo de eso. Pero la historia aquí fue diferente: la Inquisición española no fue tan sangrienta como en otros lugares de Europa, aunque eso no libró a las brujas del miedo, del silencio y de ese disimulo tan nuestro de “hazlo, pero con cuidaíto, que luego viene el qué dirán”.

Y lo curioso es que en pleno siglo XXI seguimos igual. Mucha gente consulta en secreto, pero en público asegura que “no cree en esas cosas” (y yo ojiplática 😯). Lo mismo llevan un amuleto en el bolsillo, pero lo disfrazan de “recuerdo de la abuela”. Esa es la doble moral que acompaña a la magia en España desde hace siglos.


 Juicios de brujas en España

Los juicios de brujería en España dejaron huellas que todavía hoy resuenan en la memoria colectiva:

  • En Zugarramurdi (Navarra), el famoso auto de fe de Logroño de 1610 condenó a más de 30 personas.

  • En Laspaúles (Aragón), en 1593, 24 mujeres fueron ejecutadas acusadas de brujería.

  • En Cataluña, entre 1615 y 1630, se vivió una de las persecuciones más intensas de Europa occidental.

La Inquisición, a diferencia de otros tribunales europeos, centralizaba el poder y en ocasiones desestimaba acusaciones por falta de pruebas. Pero eso no evitó que hubiera miedo, rumores y vidas truncadas. La historia de la brujería en España está marcada por esa mezcla de superstición, política y miedo al diferente.


Entre la corte y la magia

Y aquí, en Andalucía, la cosa tiene un aire especial. La figura más recordada es la de María de Padilla, amante del rey Pedro I de Castilla.

Decían que lo tenía hechizado, que en los Baños de María de Padilla, en el Alcázar de Sevilla, realizaba pócimas y rituales para tenerlo rendido a sus pies. Vamos, que si hoy viviera la llamarían “la bruja más poderosa de España”.

¿Fue bruja de verdad o simplemente una mujer con poder en tiempos en los que eso estaba prohibido? Ahí está el misterio. Lo cierto es que su nombre sigue rodeado de leyenda, y eso ya lo dice todo.

Pero la historia no se quedó aquí: en Brasil, María de Padilla se transformó en María Padilha, una de las Pombas Giras más veneradas dentro de la Umbanda y el Candomblé. Allí no es vista como bruja maldita, sino como entidad espiritual poderosa, guardiana de la pasión y la libertad femenina. Un salto de Sevilla a América que demuestra cómo la brujería en Andalucía trascendió fronteras.

Y no fue la única. En lugares como Teba (Málaga) o Córdoba, hay relatos de damas nobles que recurrían a hechizos para asegurar herencias, descendencia o amores. Al final, la magia se colaba tanto en los palacios como en las casas humildes, porque… ¿quién no ha querido alguna vez un conjuro para atraer la suerte o el amor?


Magia popular: patios, cocinas y supersticiones

La magia popular en España se vivía en lo cotidiano. No hacía falta un aquelarre para sentir su fuerza:

  • Se sigue practicando el ritual del aceite en agua para detectar el mal de ojo. Que AQUÍ puedes ver como se hace.

  • Hierbas como romero, ruda o laurel eran imprescindibles para sanar y proteger.

  • La noche de San Juan, con sus hogueras y baños a medianoche, es puro ritual mágico camuflado de tradición cultural.

Las auténticas brujas eran las curanderas, parteras y mujeres sabias. Se las buscaba con respeto… pero también con miedo. Y cuando algo fallaba, la palabra “bruja” se usaba como acusación.


 Del miedo al disimulo social

Con el paso del tiempo, las hogueras se apagaron, pero el miedo no. En España, lo mágico sobrevivió disfrazado de tradición o de religión.

  • Se acudía a la partera para sanar, pero nadie lo decía en voz alta.

  • Se llevaban amuletos, pero se llamaban “souvenirs”.

  • Se hacían rituales en San Juan, pero bajo la excusa de fiesta popular.

Esa doble moral sigue viva: el qué dirán pesa más que la libertad de reconocer la magia en público.


 La brujería en España hoy

Y mira, estamos en pleno siglo XXI con internet, móviles y hasta coches eléctricos, pero seguimos igual. La gente practica magia, hace rituales y busca respuestas… pero de tapadillo, como si fuera un secreto vergonzoso.

El verdadero legado de la Inquisición y la brujería en España no son solo las hogueras, sino el miedo heredado: ese temor a ser señalado, a ser distinto, a mostrar en público lo que en privado se busca con tanta fe.


Las brujas nunca se fueron

La historia de la brujería en España no es solo la de los procesos y las condenas. Es también la historia de un conocimiento que sobrevivió a escondidas, de un miedo que aún se respira y de una memoria transmitida en silencio.

Las brujas españolas nunca desaparecieron: se transformaron en curanderas, sanadoras, tarotistas… guardianas de un saber que no pudo apagarse.

Y aquí entro yo. Sí, yo misma, Margui, que empecé mi camino como bruja a escondidas en pleno siglo XX. Y me río sola cuando lo pienso: “con tele a color y yo escondida como si la Inquisición fuera a llamar a mi puerta”.

Hoy sigo viendo lo mismo: personas que me consultan en privado, y en público dicen que no creen. Y yo siempre lo digo con retranca:

“Si existo para Hacienda, existo para el mundo.”

Porque la magia sigue aquí, porque nunca murió, y porque las brujas, queridas mías, jamás nos fuimos.


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